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28 de julio de 2026

Tres estadios, 21 partidos: así respondieron los céspedes híbridos GrassMaster en la Copa Mundial de la FIFA 2026

La Copa Mundial de la FIFA 2026 exigió a sus superficies de juego más que ninguna edición anterior. En Seattle, Boston y Atlanta, 21 de sus partidos se disputaron sobre céspedes reforzados con la tecnología híbrida GrassMaster. Esta es la historia de cómo se prepararon esas superficies, cómo rindieron durante el torneo y qué aprendizajes pueden extraer los clubes de esta experiencia.

Cuando España levantó el trofeo en Nueva Jersey el 19 de julio, la Copa Mundial de la FIFA 2026 se cerró como el torneo más grande de la historia del fútbol: 48 selecciones, 104 partidos y 16 estadios repartidos entre tres países, varios husos horarios y climas muy distintos.

Para Tarkett Sports, uno de los momentos clave había llegado unos días antes. Cuando arrancó la semifinal entre Inglaterra y Argentina en el Estadio Atlanta, el 15 de julio, los céspedes reforzados con la tecnología híbrida GrassMaster ya habían acogido 21 partidos de la Copa Mundial, con todo el escrutinio que ello conlleva.

Tres estadios, un estándar común

La presencia de la compañía en el torneo abarcó 3 de las sedes de Estados Unidos. El Estadio Seattle albergó seis partidos, entre ellos un encuentro de Estados Unidos en la fase de grupos, un cruce de dieciseisavos y otro de octavos de final. El Estadio Boston acogió 7, con el primer cuarto de final del torneo como colofón, en el que Francia selló su pase a semifinales. El Estadio Atlanta soportó la mayor carga de los tres: 8 partidos, desde la fase de grupos hasta la semifinal.

Entre los tres reunieron algunos de los grandes momentos del torneo. Francia jugó dos veces en Boston, en la fase de grupos y de nuevo en el cuarto de final, que ganó, mientras que España, campeona a la postre, empezó su andadura en Atlanta.

Los elogios llegaron antes de que rodara el balón.“Bienvenidos a la sede número uno de la Copa Mundial 2026”,dijo Tony Correa, director de sede de la FIFA, durante la presentación del Estadio Atlanta a la cadena local WSB-TV en junio.

En Seattle, donde la nueva superficie recibió un primer examen exigente con los Sounders y la selección femenina de Estados Unidos en abril, el entrenador de los Sounders, Brian Schmetzer, fue igual de directo. “El campo está perfecto. Está muy bien”, declaró a The Seattle Times diez días después de colocarse el césped. “Está igual de bien que en el Mundial de Clubes del año pasado, y acaba de instalarse”, añadió, y auguró que solo mejoraría con el sol de la primavera.

Los jugadores coincidieron. “Creo que a todos los jugadores les gustó. A mí desde luego sí. El campo respondió muy bien”, dijo el delantero de los Sounders Danny Musovski, que destacó que el balón corría con más suavidad de lo habitual y que la superficie se notaba mejor para el cuerpo.

Y John Wright, que lleva casi tres décadas cuidando el césped de Seattle, resumió los años de preparación a la cadena local KIRO 7 en cinco palabras: “Ha sido un auténtico sueño”.

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Foxborough Stadium - Massachusetts USA
©Keith J Finks

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Atlanta Field - Georgia USA
© Tarkett Sports

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Lumen field - Seattle, Washington USA
©Tarkett Sports

Estadios construidos para otro deporte

Nada de esto era un trámite. La ampliación de 32 a 48 selecciones supuso 40 partidos más que en cualquier edición anterior y más carga para cada superficie. 8 de los estadios del torneo funcionan normalmente con césped artificial, 7 de ellos son sede de franquicias de la NFL y 5 juegan bajo cubiertas fijas o retráctiles, según la agencia Associated Press.

La FIFA exige que el fútbol de la Copa Mundial se juegue sobre césped híbrido y que todos los campos se comporten de la misma manera, para que ninguna selección obtenga ventaja de la superficie. Cumplir esos requisitos en recintos concebidos para el fútbol americano, los conciertos y los eventos durante todo el año exigió años de preparación y de pruebas antes de que llegara la primera máquina.

“Cuando organizas un Mundial en Brasil, los estadios están construidos para el fútbol. Aquí no hay ni uno solo que lo esté”, explicó Eddy Schmitt, CEO de Tarkett Sports, al diario deportivo francés L’Équipe.

Después estaba el calendario. Con las temporadas de la NFL, los conciertos y otros eventos alargándose hasta bien entrada la primavera, los recintos se liberaron apenas 2 o 3 meses antes del inicio del torneo, una ventana muy corta para implantar una superficie natural capaz de resistir la competición de élite. En el caso de Seattle, el césped llevaba mucho tiempo cultivándose antes de que el estadio quedara libre, según informó Associated Press.

La magnitud del reto llamó la atención a ambos lados del Atlántico. En Francia, el medio L’Équipe entró entre bastidores con los equipos de instalación y con el CEO de Tarkett Sports, Eddy Schmitt, mientras que Les Echos dedicó un reportaje y un episodio de pódcast al papel de la compañía en el torneo.

Cómo se construyeron los campos

La ventana corta funcionó porque el trabajo largo había empezado pronto. La logística arrancó en septiembre de 2025, 9 meses antes del partido inaugural, y la instalación llegó en la primavera de 2026, de modo que cada sede conservó su plazo ideal de preparación. La operación viaja más ligera de lo que sugieren sus resultados: 2 máquinas de inyección y sus herramientas caben en un solo contenedor marítimo de 40 pies, con un segundo contenedor de fibra al lado.

En cada estadio, Tarkett Sports desplegó alrededor de 8 especialistas de GrassMaster llegados de Europa y dos máquinas de inyección Gen 5, unidades totalmente eléctricas desarrolladas internamente que encadenaron turnos de hasta 19 horas al día. Entre ambas implantaron 18 millones de fibras sintéticas en cada campo, inyectadas en el sustrato cada 2 centímetros por toda la superficie. En las instalaciones permanentes, las fibras llegan a unos 18 centímetros de profundidad; en superficies de torneo como estas, una inyección más superficial, de unos 9 centímetros, aporta la estabilidad necesaria en una fracción del tiempo.

El ritmo de trabajo sobre el terreno fue intenso, pero perfectamente coordinado. El primer día, todo el equipo descarga, monta, despliega los cables y traza las líneas con láser antes de que empiece la inyección; a partir del segundo día, los equipos se turnan desde las siete de la mañana hasta las dos de la madrugada, y cada operario revisa el trabajo justo detrás de la máquina para detectar cualquier irregularidad en el momento. Durante todo el proceso, los equipos trabajan alrededor del personal de mantenimiento, porque la superficie que se refuerza está viva: sigue necesitando riego, siega, iluminación y abonado.

Qué hace realmente un césped híbrido

En la Champions League, en el Campeonato de Europa y en la Copa Mundial, el juego debe disputarse sobre césped natural, pero el césped natural por sí solo no puede absorber las horas de juego ni la carga de drenaje que exige la competición de élite. El refuerzo híbrido existe para cubrir esa distancia. “Es un césped natural reforzado”, explica Jon Hesen, director de Soluciones Híbridas de Tarkett Sports, en una entrevista con Tarkett Sports Europe después del torneo.

El césped natural de élite necesita un sustrato drenante a base de arena para soportar la lluvia, pero la arena drenante es inestable por naturaleza bajo los pies. Los millones de fibras inyectadas, que representan solo alrededor del 3% de la superficie, cohesionan ese material suelto y mantienen el campo firme sin impedir que el agua pase. A medida que el césped se implanta, sus raíces se entrelazan con las fibras, anclan el tapiz vegetal y lo protegen por encima y por debajo de la superficie.

La fibra forma parte de la ingeniería y se fabrica internamente. Tarkett Sports produce su fibra híbrida en MET (Morton Extrusionstechnik GmbH), en Abtsteinach (Alemania), y trabaja tanto con polipropileno como con polietileno. El polipropileno, en particular, está diseñado para ser excepcionalmente resistente, lo que permite hilarlo con un menor peso de fibra: hacen falta menos kilos de plástico para reforzar un campo hasta la resistencia requerida. Controlar esa etapa significa además que la especificación de lo que se introduce en el terreno la fija la misma compañía que lo inyecta.

Ese rendimiento se mide, no se presupone. Antes de acoger partidos de la Copa Mundial, cada campo fue evaluado por un especialista independiente en varios puntos, con criterios como el agarre, la deformación vertical y la dureza, y puntuado frente a los rangos exigidos por la FIFA en una escala de una a cinco estrellas. Un campo recién inyectado queda algo más blando, porque la propia inyección actúa como una forma de aireación, y se compacta a medida que se juega en él, así que las superficies se ajustaron para mantenerse dentro del rango durante todo el torneo.

Una vez terminada la inyección, los equipos se marcharon. Durante el torneo, el cuidado diario quedó en manos de los equipos de mantenimiento de los estadios y de la FIFA, con especialistas europeos en mantenimiento de céspedes desplazados para echar una mano. “Nosotros aportamos las herramientas para que llegue a ser un césped excelente”, dice Hesen, “pero después depende de la gente que trabaja sobre ese campo”. A lo largo de 21 partidos, esa colaboración funcionó.

Una trayectoria construida a lo largo de décadas

Para Tarkett Sports, el torneo fue menos un salto al vacío que la transferencia de una práctica ya probada. La tecnología GrassMaster lleva décadas en servicio en Clairefontaine (Francia), en el Johan Cruijff ArenA (Países Bajos) y en las competiciones de la UEFA, con más de 900 campos híbridos instalados en todo el mundo.

“Tenemos campos y estadios con GrassMaster que superan los 25 años y siguen rindiendo muy bien”, afirma Hesen.

Una operación repartida entre dos continentes

Si hay un factor que separa estos tres proyectos de una simple exportación, es este: ninguno de ellos habría salido adelante sin los dos lados del Atlántico. FieldTurf, la filial norteamericana de Tarkett Sports, lleva décadas trabajando con estadios y franquicias por todo Estados Unidos. Esas relaciones de largo recorrido con los responsables de los recintos y de los céspedes son las que sentaron a la compañía a la mesa y, en un mercado donde cada estadio tiene su propio calendario y sus propias prioridades, conocer el edificio y a la gente que lo gestiona no es un detalle menor.

A partir de ahí, el trabajo fue realmente compartido y no simplemente subcontratado. Los equipos norteamericanos se ocuparon de la preparación local, de la relación con los recintos y de la coordinación con la operativa de los estadios. Los equipos europeos aportaron la experiencia en híbridos, los especialistas y las máquinas, enviadas para la ocasión. Cada parte hizo lo que mejor sabe hacer, con un calendario que no dejaba margen para fricciones en los relevos.

El resultado fue una operación coordinada, y no tres entregas independientes. Seattle, Boston y Atlanta tuvieron cada uno sus propias limitaciones y sus propias fechas, pero los mismos equipos, los mismos estándares y los mismos métodos de trabajo se desplazaron entre ellos. Esa coherencia es la que permitió medir con el mismo rasero 21 partidos disputados en tres superficies.

“Estoy excepcionalmente orgulloso del equipo de Tarkett Sports. La relación fluida entre los equipos norteamericanos y europeos generó colaboración en todas las fases de ejecución del proyecto. La forma de trabajar transatlántica no se improvisó para este torneo. Es la manera en la que está construido nuestro negocio, y es la razón por la que tres proyectos ejecutados por equipos de dos continentes pudieron responder a un único estándar”, afirma Ian Tittershill, vicepresidente sénior de Tarkett Sports Europe.

Tres estadios, tres calendarios, un solo equipo.

Qué pueden aprender los clubes

Para los directivos de clubes que estén valorando sus propias inversiones en superficies, el torneo deja lecciones que viajan bien. La primera tiene que ver con el tiempo: una ventana de conversión de dos a tres meses solo funcionó porque la planificación había empezado el otoño anterior y porque el propio terreno se había estudiado antes. Tarkett Sports analiza la composición del subsuelo antes de comprometerse con una inyección y avisa al cliente cuando las condiciones no son las adecuadas, porque lo que hay debajo de un campo determina lo que pueden hacer las máquinas y el césped.

La segunda lección es que la estrategia de superficies debe seguir al uso y no a la moda. “Artificial cuando hace falta, híbrido siempre que sea posible”, resume Hesen. Las instalaciones municipales que superan con holgura las mil horas de juego al año necesitan césped sintético completo; los estadios y los centros de entrenamiento que deben ofrecer condiciones de césped natural de élite bajo una carga elevada son candidatos naturales al refuerzo híbrido. La respuesta correcta depende de la ubicación y de las exigencias de cada campo concreto.

La tercera tiene que ver con las personas. Un césped híbrido es una superficie viva que sigue necesitando riego, siega, abonado y, bajo una cubierta cerrada, iluminación artificial. La tecnología es una herramienta en manos del equipo de mantenimiento, no un sustituto, y los clubes que más partido sacan a sus superficies son los que invierten en ambas cosas.

Un legado más allá del torneo

Lo que deja el torneo es una prueba, más que un argumento. Tres sedes que nunca habían acogido fútbol internacional de élite albergaron 21 partidos de la Copa Mundial sobre césped natural reforzado con fibras híbridas, y las superficies aguantaron desde la fase de grupos hasta la semifinal. Antes de este verano, eso era una previsión. Ahora es una referencia.

La lección va más allá de los tres estadios implicados. Con suficiente antelación, el sustrato adecuado y un equipo de mantenimiento que conozca la superficie, un césped híbrido de élite puede implantarse casi en cualquier lugar, incluso en edificios concebidos para otro deporte y otro calendario.

Para Tarkett Sports, el torneo fue a la vez un escaparate y una pregunta abierta.“Un gran motivo de orgullo”, dijo Eddy Schmitt a Les Echos, “aunque aquí el césped sintético siga siendo el rey”.

Para hablar de lo que la tecnología híbrida puede aportar a su estadio o a su centro de entrenamiento, póngase en contacto con el equipo GrassMaster.

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